La llegada de la Navidad tiene para mi un significado algo diferente de la historia que siempre nos han contado. Hay una experiencia de amor profundo y pleno que nace en el corazón de las personas y eso es una navidad, un nacimiento, la llegada de la luz al mundo oscuro de las sombras. La navidad puede ocurrir en cualquier momento de nuestras vidas, sea al principio del solsticio de invierno, o en plena primavera, o acabado el verano. Porque es una experiencia interior. Lo que celebramos ahora, durante estas fiestas, es un símbolo de ese nacimiento. Por eso, como diría Willigis Jäger, tenemos que convertirnos en el establo en el que nacerá el niño Jesús. Esa experiencia que los místicos han descrito como la realidad absoluta, lo que es. Y eso me ha hecho recordar un breve poema de Erich Fried, que reescribo para felicitaros las fiestas y desear que encontréis en ellas vuestra propia navidad:
Es tontería, dice la razón.
Es lo que es, dice el amor
Es una desgracia, dice la premeditación
Es todo dolor, dice el miedo
No hay esperanza, dice el discernimiento
Es lo que es, dice el amor.
Es ridículo, dice el orgullo.
Es frivolidad, dice la cautela.
Es imposible, dice la experiencia.
Es lo que es, dice el amor.